Fin del año 2009 en Cuba

Miriam Leiva


Sin decisiones relevantes concluyó la sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular efectuada el 20 de diciembre.

El Presidente Raúl Castro continuó augurando medidas importantes para la economía, pero reiteró que debían ser sin “riesgo de la improvisación y apresuramientos”. Señaló “la sincera voluntad de Cuba de solucionar definitivamente el diferendo con Estados Unidos a partir de un diálogo respetuoso”, mientras reforzó el lenguaje contra ese país patente en el último mes: “si el gobierno norteamericano realmente desea avanzar en las relaciones con Cuba, le recomiendo dejar atrás los condicionamientos de orden interno que pretende imponernos y que sólo a los cubanos compete decidir. Sirvan estos planteamientos como respuesta a las recientes declaraciones de la Señora Secretaria de Estado Hilary Clinton.”

Supuestamente lo más trascendental fue la elección de 7 nuevos miembros del Consejo de Estado, que incorporó como vicepresidentes a Ramiro Valdés, para reforzar aún más su poder, y Gladys Bejerano, Contralora General de la República, así como denominar 2010 como Año 52 de la Revolución, cuestión más que evidente. También se aprobó respaldar la posición de Cuba y los países del ALBA en la reciente Cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague e intensificar el trabajo en reclamo de la liberación de los 5 cubanos prisioneros en Estados Unidos.
No faltaron, por supuesto, la aprobación del Informe sobre el estado de la economía, el Plan y el Presupuesto para 2010, los recordatorios contra el capitalismo y el imperialismo. Sin embargo, continuaron en suspenso todos los asuntos del imaginario popular, las llamadas bolas tradicionalmente echadas a correr por el propio gobierno para crear expectativas, y las publicaciones en la prensa oficial, como la eliminación de las cuotas que quedan del racionamiento y la doble moneda -con el supuesto Mambí; la entrega a particulares o cooperativas de los establecimientos de servicios –peluquerías, barberías, tiendas de alimentos, transportes en los pueblos y otros. Era previsible que la Asamblea no pudiera legislar porque no se ha realizado la Conferencia del Partido Comunista, sustitutiva del Congreso, ni las llamadas propuestas del gobierno.

La decepcionante Asamblea Nacional cargó aún más la enrarecida atmósfera con los efluvios de miseria en los hogares. No parece una época previa a las festividades de fin de año. Con los bolsillos medio o totalmente vacios, y los productos con precios por las nubes, casi únicamente obtenibles en las muy mal abastecidas tiendas en divisas, no se percibe alegría ni preparativos para fiestas. Seguramente hacia el 31 de diciembre las personas sacarán sus ahorritos, pero tendrán que compartirlos, si tienen niños en casa, para los juguetes del 25 o el 6 de enero, según sigan las tradiciones.

Para distraer al pueblo, especialmente a la juventud, continuaron las nutridas colas de varias horas en la Heladería Coppelia; la Feria de Artesanía “Fiart 2009” en Pabexpo, donde los precios eran prohibitivos para la mayoría que salía con las manos vacías a excepción de las tradicionales “gangarrias” o bisutería, colmaba la imaginación y nutría las ilusiones, luego de haber logrado transporte para llegar; y hasta se ha disfrutado la actuación de Kool and the Gang en la “Tribuna Antiimperialista” frente a la Sección de Intereses de Estados Unidos, con estimados oficiales de 250 000 personas –en realidad otorgarles permiso ha sido una medida inteligente de las autoridades de ese país, para que el pueblo disfrute con las canciones preferidas durante décadas y confraternice con norteamericanos, quitando el contenido confrontacional que el gobierno cubano le ha dado al lugar.

Se anunció una variada programación televisiva para retener con cierta tranquilidad en casa, porque niños, adolescentes y padres estarán de vacaciones; y actuaciones de orquestas en los lugares habituales. Según el argot popular “la calle está mala”, ya sea por el incremento de los robos y asaltos, o por el reforzamiento de la policía, la “seguridad del estado” y la represión con el argumento de la delincuencia, pero fundamentalmente para caer sobre la oposición.

Es realmente bochornoso que el inmovilismo se esté reforzando, con el argumento de que se requiere más tiempo para tomar medidas. La sociedad se degrada, porque a los cubanos no se les permite opinar, elegir, echar a volar su creatividad y capacidad ni trabajar con salario adecuado, pero se condena a ser improductivos y taimados, acendrando en los niños y jóvenes ausencia de los valores que caracterizaron a este pueblo. El presente es ya el futuro que tendremos o perderemos. Los dirigentes cubanos no festejarán el fin de año y el advenimiento del 51 aniversario de su llegada al poder el 1 de enero con humildad, ron peleón y magras raciones. No hacen falta publicitadas visitas a fiestas del barrio, sino introspección y realismo.yeroevelio@yahoo

Tres generaciones inúltimente sacrificadas

Miriam Leiva


Puedo escribir los textos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: la revolución cubana va a cumplir 51 años, pésimamente dirigida por los hermanos Castro, y no se avizora el menor síntoma de cambio, alivio o rectificación. El gobierno insiste en el disparatado curso de la planificación centralizada, los planes quinquenales, el colectivismo, la burocracia indolente que todo lo controla, el palo y tentetieso contra cualquiera que desafine en el coro, bajo la autoridad de un partido único guiado por Fidel, el líder amado, y por su hermano Raúl, porque, para colmo, ahora hay que practicar la bigamia cortesana y amar a dos líderes repulsivos simultáneamente.

Fidel y Raúl llegaron al poder sin ninguna experiencia de gobierno hace medio siglo, pero no han logrado aprender nada. Todo un récord. Hoy son dos ancianitos puntillosamente incompetentes, que han agravado hasta el sadismo los cinco elementos básicos que le dan sentido y forma material a cualquier sociedad moderna: alimentación, agua potable, vivienda, transporte y comunicaciones. Si hubiera un premio a la incapacidad gerencial habría que dárselo a estos dos personajes.

Raúl acaba de decir que en el 2009 las exportaciones cayeron un 23%, las importaciones un 37 y las inversiones un 16. Pero esos son números vacíos. Aquí va un dato que es un reflejo más elocuente del panorama general: en el 2009 el país produce la misma cantidad de azúcar que en1902, cuando no había tractores, electricidad o camiones.

En 1902 existían un millón y medio de cubanos que se movilizaban a lomo de caballo. Hoy hay once que ya ni siquiera tienen caballos. El país se hunde por la improductividad tremenda de un sistema que no ha funcionado bien en ninguna latitud, pero que en Cuba ha alcanzado la más profunda sima imaginable.

Esto es importante tenerlo en cuenta para entender el estado anímico de la sociedad cubana: las tres primeras generaciones de la república (1902 a 1958), en medio de crisis económicas --incluida la del 29-- desórdenes, corrupción y periodos dictatoriales, progresó constante y notablemente hasta colocarse en el pelotón de vanguardia de América Latina. Cada una de esas generaciones vivió mejor que la anterior. En cambio, las tres generaciones posteriores que sólo han conocido la dictadura comunista (1959 a 2009) han tenido la experiencia contraria: cada una de ellas ha vivido peor que la precedente. Por eso los cubanos sólo piensan en emigrar: los Castro les enseñaron la cruel lección de que el futuro siempre será más negro, pobre y desagradable que el miserable presente que padecen.

Prueba al canto: una encuesta secreta realizada hace unos meses por el Partido Comunista en la Universidad de La Habana (un universo de 30,000 personas supuestamente simpatizantes del régimen) arrojó unos resultados devastadores: las tres cuartas partes de los estudiantes, profesores y administradores deseaban ardientemente la erradicación del sistema y su sustitución por un modo racional de organizar la convivencia. Los Castro, en lugar de admitir la evidencia, se limitaron a echar al rector, como si el pobre tipo fuera el causante del rechazo que provoca el prolongado disparate revolucionario.

¿Cómo va a terminar este fallido proceso político? Sin duda, con la demolición de esa disparatada forma de gobernar. El sistema comunista tiene muy pocos partidarios reales en el país. Hay, sí, gente que aplaude o que se presta a apalear adversarios en pogromos orquestados por la policía política, pero ya son contadas las personas con convicciones marxistas, persuadidas de que ese modo cruel de estabular a la sociedad algún día les traerá la felicidad a los cubanos.

¿Cuándo va a ocurrir esto? Como todos sabemos, hay que acogerse a la vieja fórmula española con que la oposición democrática, incapaz de arrebatarle el poder a la dictadura o de cambiar sustancialmente el sistema, se resignó a esperar por la muerte de Francisco Franco: la melancólica ``solución biológica’’. Primero, Fidel (83) debe tener la esperada cortesía de morirse, y luego Raúl (78), siempre un buen discípulo, debe seguirle los pasos educadamente.

Raúl, es verdad, intenta consolidar el PC con sus incondicionales para tratar de perpetuar el sistema, pero esa estratagema no funcionará. A ellos, a los Castro, los obedecen por miedo y por la inercia propia de estas largas tiranías --como ocurría en la España de Franco o en la República Dominicana de Trujillo--, pero una vez que desaparece el sultán, o los sultanes, comienzan a aflorar los verdaderos deseos de la inmensa mayoría: enterrar de una vez esta etapa de violencia e irracionalidad que han padecido los cubanos por más de medio siglo.

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