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CUBA: un espacio en el tiempo que no parece encontrar su camino

Evelio Yero
 

El presente espacio cubano está marcado y configurado por el pasado y por el presente. Pareciera como si estas dos coordenadas, las del pasado y las del presente suscitaran unas condiciones particulares y únicas en un contexto que no logra salir de su propio laberinto.
El presente marca a un grupo de revolucionarios en las esferas gubernamentales después de casi cincuenta años, que ascendieron al poder con el objetivo de canalizar las más altas esperanzas del pueblo cubano: una Cuba para los cubanos con todos, y para el bien de todos. Ahora, conforman solo una clase social anclada en el poder con las fantasías de un pasado popular ya transformado en un populismo de caricatura. Un grupo que se “autopercibe” y se proyecta colectivamente como el “genuino” representante de las más altas aspiraciones de la cubanía. Todo criterio alterno es concebido como “anticubano”.
Este estado ha tenido que enfrentar muchas realidades concretas, pese a su persistente lucha con la realidad colectiva particular de una sociedad y el resto del mundo. Entre la gama de luchas se ha destacado una en forma de relieve definido: la llamada lucha entre los incentivos morales y los estímulos materiales. La relación entre los llamados estímulos morales, en consonancia con una visión de revolución, entraron desde hace tiempo en una dinámica dialéctica con los llamados incentivos materiales dentro de la vida cotidiana cubana. Una relación primero efectiva, luego circular, posteriomente dramática y después caótica y asimétrica. Triunfó el sociolismo. Conjunción del vocablo socialismo y de los no infrecuentes socios listos.
Los estímulos morales tuvieron su asiento preminente en el ‘hombre nuevo” del discurso guevarista. Así fue nombrado. La ética del revolucionario radicaba en una acción determinante, resuelta y diligente en pro de una sociedad nueva y resplandenciente en pro del ser humano. Una sociedad igualitaria y justa. El discurso de los estímulos materiales nace, por otro lado, a partir de la frustración de no ver realizados los sueños de una genuina revolución. Los estímulos materiales se hacían realidad cuando un obrero había cumplido determinados requisitos en el ámbito laboral estatal cubano. Entonces tenía un gran estímulo material por haber cumplido su labor revolucionaria: podía poseer un televisor.
Los estímulos materiales nacen de la incapacidad compleja de no poder articularse la utopía “hombre nuevo” guevarista. Estímulos materiales parecen opuestos a los estímulos morales. La ecuación inversa parece ser cierta. Ambos entraron en colisión, en relación dialéctica, en conflicto, en danza, en un pésimo guagancó. Y un pueblo quedó signado con la impronta de un poder gubernamental que se encuentra inmerso en sus propias redes. La vida cotidiana pesa. Las necesidades básicas apremian.
El añejo conflicto se expresa ahora y hace metamorfosis a partir de las empresas ancladas en el ministerio de las fuerzas armadas ( MINFAR) y las limitadas actividades de los cuentapropistas. Entre el mercado negro y los chivatos de turno. Entre las composiciones musicales del comandante Almeida y el rock cubano. Entre un pueblo dentro de Cuba y otro, fuera de la isla. Toda una amalgama de colores, de corrientes, de sinsabores, de alegría y de toques de tambores de Batá para no contactarse con la tristeza. Un mundo de fidelistas sin fidel o con fidel ocambo, y de raulistas taimados.
Una posible salida a los futuros pero no lejanos conflictos radica en que hagamos consciente la crisis. Una crisis de la nación cubana. Todos los actores del drama cubano debemos estar claros en que nos abocamos a una crisis intensificada al no palparse señales constructivas dentro de las mismas esferas gubernamentales cubanas para con la vida cotidiana de la isla .
Una sociedad casi completa está cansada. Un mundo en procesos de grandes cambios está en agenda desenfrenada. La clave está en reflexionar con hondura y tomar las decisiones adecuadas. Asumir que los reinados sucumben pese a que algunos “nobles” en el palacio de la revolución o en la asamblea del poder popular de La Habana, desean preservar su “nobleza revolucionaria”. Frase, por cierto, algo contradictoria. La clave está en pensar que nuestra tierra es ara y no pedestal de nadie porque es de todos los que nacimos en ella. Recordemos que en el antiguo ideograma de la cultura china, crisis signifca dos cosas: oportunidad para crecer, y también oportunidad para zozobrar. Tampoco la solución está en modelo chino. De China conservemos la sabiduría.
El gobierno de Cuba no debe debatir si la clave está en legalizar o no la fluencia de enseres eléctricos mientras por otro lado a la tierra productiva la absorbe el marabú. Tampoco en llevar a cabo experimentos fallidos dentro del espacio biotecnológico para ver como se metamorfosea químicamente el marabú en petróleo. Tanta biotecnología y “eminencias” grises solo reflejan algo lamentable: el gobierno cubano sufre de una indigestión de modernidad mal consumida y las nuevas generaciones son postmodernistas al ultranza. Roma arde... y los nuevos Nerones en el poder, después del máximo Nerón barbado, siguen tocando la lira.
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