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Miriam Leiva |
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El Congreso y el Senado de España aprobaron los días 13 y 14 de abril sendas iniciativas para que su gobierno a través del diálogo que sostiene con el cubano consiga la entrada de la Cruz Roja Internacional y el Relator de ONU de Derechos Humanos a las cárceles con presos de conciencia y políticos; la liberación inmediata e incondicional de los prisioneros de conciencia y el final de la huelga de hambre de Guillermo Fariñas; poner las bases para un futuro de reconciliación nacional, respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales y mejora sostenible del nivel de vida del pueblo cubano. Las votaciones contaron casi con unanimidad por las negociaciones del Partido Popular y el PSOE (en el poder) y el apoyo de CiU, PNV, UPyD y UPN, con sólo 7 votos en contra de los grupos de ultraizquierda vinculados al totalitarismo cubano y 4 abstenciones de Coalición Canaria. La dura realidad se impuso, el PSOE y el gobierno español finalmente llegaron a la conclusión de que tenían que modificar su actitud de diálogo laxo con las autoridades cubanas. Es realmente lamentable que aún queden dirigentes de la izquierda incapaces de romper sus compromisos con el régimen y nieguen a los cubanos la democracia que disfrutan en su país. Actualmente se aprecia que el totalitarismo con sus promesas de cambios, entre el 31 de julio de 2006 y marzo de 2010 procuraba sortear la delicada situación política causada por la súbita enfermedad de Fidel Castro. La sociedad cubana se encuentra en la encrucijada entre el viejo régimen y el nuevo porvenir. El desastre político, económico y social no se puede remontar por los estertores de las fuerzas retrógradas, que lustran sus armas y ejercitan sus órganos represivos con operativos desproporcionados contra pacíficos opositores, en maniobras callejeras en las que mueven a los atacantes transportados por ellos mismos como entrenamiento antimotines, aunque corren el riesgo de que se les vaya de las manos. Forma también de amedrentar a los cubanos atormentados por las carencias e incrédulos, para prevenir la desobediencia civil. Alerta a los silenciosos descarriados de partido, gobierno y militares con inclinaciones reales a los cambios, porque no hay que ser muy sagaces para darse cuenta de que están hundiendo Cuba y con ella todos sus privilegios, o que quien posea dignidad y decoro tiene que ayudar a salvarla. Pero el estrangulamiento de la oposición ahora es mucho más complejo que durante la Primavera Negra de 2003. Más allá de la crisis general de la sociedad, está la crisis de gobernabilidad y la desesperación por mantener el poder absoluto de una élite. La asonada de hace 7 años lamentablemente alerta sobre la decisión del régimen de preservarse a toda costa. De ahí la trascendencia de la contención internacional. Estamos convencidos de que la responsabilidad del destino de Cuba es de los cubanos, que de muchas formas somos rehenes del sistema. Los contestatarios ya son millones, y los decididos a afrontar pacíficamente todas las represalias somos miles porque luchamos por la democracia y la reconciliación con respeto a la diversidad, sin odios ni revanchas. En Cuba el desenlace parece casi tan imprevisible hoy, como lo fuera en la mayoría de los países de Europa del Este a fines de los 80. Las autoridades cubanas aprendieron de esas experiencias y procuran impedirlo a toda costa, a tal punto que son timoratas hasta para emprender pequeñas reformas que contribuyan a preservar su poder, y ellas mismas cumplir su deber elemental de propiciar “la evolución de la mariposa”, flor blanca símbolo nacional. Los prisioneros de conciencia y políticos, sus familias y toda la oposición pacífica nos sentimos realmente agradecidos de los esfuerzos de nuestros hermanos españoles por contribuir a la justicia y el futuro bienestar de nuestro pueblo. Como también estamos muy agradecidos de los parlamentos, personalidades y pueblos de otros países, en particular los latinoamericanos donde comienza el despertar con los ejemplos de México, Brasil, Chile y otros. Como señalara Joan María Roig, senador de Convergencia y Unión (CiU), “con la aprobación de la iniciativa, se ha realizado un avance sustancial en el reconocimiento de que en Cuba existe un grave problema que se debe abordar desde la seriedad, el rigor y la exigencia”. |
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Andrés Candelario |
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La muerte del opositor pacífico Orlando Zapata Tamayo, después de más de 80 días en huelga de hambre en una cárcel cubana de la provincia de Holguín, ha estremecido la sensibilidad mundial, con excepción de la inmensa mayoría de los países “hermanos” de América Latina. Zapata Tamayo, un albañil negro de 42 años, fue arrestado en 2003 en medio de una ola represiva que llevó a la cárcel a 75 opositores. Condenado a 3 años de prisión, sus posturas contestarías, y sus demandas de un trato más justo le consiguieron nuevas condenas hasta los 36 años. Amnistía Internacional lo declaró “preso de conciencia”. En octubre pasado fue objeto de una fuerte paliza que le provocó una hemorragia intracraneal. Esto lo llevó a iniciar una huelga de hambre el 3 de diciembre de 2009. Durante los primeros 18 días de huelga, la dirección del penal le negó el agua, único líquido que ingería, hecho que le produjo una grave falla renal. A mediados de enero, por el empeoramiento de su estado de salud, fue llevado al hospital provincial Amallia Simoni, de Camagüey. Según expresiones de su propia madre, cuando llegó a ese hospital era sólo “piel y huesos y su estómago era un hueco”. Unos días más tarde,
a pesar de su condición delicada,
fue trasladado al hospital de la Prisión Combinado del
Este en la Habana, donde no existían las condiciones para
un tratamiento cónsono con su delicada situación.
Ya inconsciente, es conducido al hospital “Hnos. Almeijería”,
donde muere el 23 de febrero en horas de la tarde. De ahí que resulten más cínicas e insultantes las palabras de Raúl Castro a la madre de Zapata Tamayo lamentando hipócritamente el fallecimiento de su hijo. Hizo bien Reina Tamayo en rechazar las condolencias de quien , a no dudarlo, es el principal rresponsable de esa muerte. Con igual descaro declaraba que “en Cuba no se tortura”, ni que tampoco existen presos políticos, sino, “mercenarios del Imperio”. ¿Tendremos que recordarle a los Castro la lista de torturas infligidas a disidentes y opositores presos durante este medio siglo de dictadura? Las mismas van desde golpizas indiscriminadas como las sufridas por Zapata, los ahogamientos en la piscina del centro de interrogación de “Villa Marista”, los simulacros de fusilamiento, las gavetas solitarias, las zanjas de excrementos, los encerramientos prolongados en celdas subterráneas hasta los cuartos fríos de interrogatorio, que colocan al régimen castrista entre los gobiernos más torturadores de la historia moderna. Cuando Reina Tamayo Danger, madre del fallecido, abrió el féretro en su casa de Banes para dar el último beso a su hijo, encontró espantada las marcas que los torturadores habían dejado en las espaldas de Zapata Tamayo, antes y después de declararse en huelga de hambre. Por otro lado, resulta irónico
que al cabo de medio siglo de revolución socialista, supuestamente
montada para hacerle justicia a los pobres y a los humildes, tenga
que encarcelar a un hambreado
albañil de la raza negra, por oponerse precisamente
a las políticas
represivas e injustas de un régimen político
que estaba supuesto a liberarlo. Como nos lo demuestran los hechos, nada ha cambiado en la naturaleza represiva de la dictadura castrista. Miembros de dos generaciones distintas, uno obrero y otro universitario, separados por casi 40 años, han sido víctimas de los mismos métodos abusivos, administrados por los mismos carceleros históricos. Esperamos que la inmolación de Orlando Zapata Tamayo marque para Cuba el comienzo del final de ese régimen atroz. Fuente: |
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Evelio Yero |
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Hablar de la muerte parece un pecado mortal en nuestro entorno sociocultural materialista presente. La muerte conforma un tema prohibido pero, sin temor a albergar duda alguna, estoy seguro de que el primer filósofo que dijo en tercera persona que los seres humanos se morían, se murió en primera persona del singular. Diversos estudios en la esfera de lo social han abordado el tema de la muerte. Los mismos se llaman Tanatología. Este término significa el estudio sobre la muerte. Estos estudios han abordado nuestra visión humana de la muerte. En otras palabras, la visión de los que quedamos vivos con respecto al tema. En torno a la muerte en sí, y qué implica, no podemos hablar. Esto entraría en el terreno de lo insondable. En la sociedad de las comunicaciones mediáticas se habló de Guillermo Fariñas. Este último optó por la huelga de hambre. Una huelga de hambre en evidente reclamo de la libertad de veintiseis presos políticos en Cuba cuyo estado de salud es precario. También, por supuesto, en memoria de la muerte del preso político Orlando Zapata. Al momento de escribir este artículo, los veintiseis presos políticos permanencen en las cárceles del gobierno oficialista de Cuba y, por otro lado, Guillermo Fariñas persiste en un estado de salud muy precario en su huelga de hambre. Desde un principio habló que la seguiría hasta las últimas consecuencias.Y allí está, en el hospital Arnaldo Milián, Santa Clara, Cuba, enfrentando la vida, que es lo mismo que enfrentar la muerte. Una pregunta surge en
los estudios de Tanatología. ¿por qué la
muerte en la sociedad contemporánea se ha transformado en un tema
prohibido? Y yo me pregunto lo siguiente ¿tendrá que ver
el tema prohibido de la muerte con la dificultad de hablar de forma más
recurrente de Guillermo Fariñas en los medios? Creo que sí y
me explico. El gobierno de Cuba no cede a los reclamos de un digno ciudadano de Cuba. El digno ciudadano de Cuba llamado Guillermo Fariñas, no cede a su huelga fraterna. Es fácil ver el final. Y triste también para los que quedamos vivos o semivivos. Entonces surge una pregunta. ¿Qué sentido tiene que un hombre de esta altura ética deje de estar entre nosotros? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿ Qué sentido tiene la muerte? Un hombre de la altura moral de Guillermo Fariñas, nos recuerda que vida y muerte son dos caras de una misma moneda. Tal vez nos enseña que no hemos aceptado la realidad de la muerte, porque no hemos aceptado la existencia en mayúscula en toda su plenitud. Es posible que ni siquiera sepamos qué es la vida. Y, por ende, no sepamos qué es la muerte. De nosotros haber aceptado la vida en toda su intensidad, existiría la compasión humana y no el concierto de violentos gobernantes que circundan por esta tierra contaminando a la atmósfera de miedos y odios. De nosotros haber aceptado la vida, existiría humana hermandad. En estos días
he vuelto a mirar a mi bandera cubana. La bandera de mi lugar de
origen. Cuando diviso su estrella no veo a la forma geométrica
de cinco puntas. Veo a Guillermo Fariñas con sus ojos claros,
grandes y serenos. Y pienso que a él le sobra lo que a muchos
nos falta: el valor de vivir la vida en ofrenda permanente por su
prójimo. Y no temer a la
muerte, pues morir por la patria es vivir para siempre en el corazón
fraterno de todos sus hermanos. |
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Oscar Espinosa Chepe |
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En paralelo con la profundización de la crisis que desde hace años azota la sociedad cubana crece la corrupción con fuerza; hoy más visible que nunca en los niveles más altos del gobierno. Este criterio es ampliamente compartido por la ciudadanía. A tal punto, que connotados voceros del régimen lo han reconocido; por iniciativa propia o porque el problema es tan grave que determinados dirigentes los han inducido a realizarlo. Así Esteban Morales, conocido académico oficial, en la website de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) realizó acusaciones tan fuertes como que “…hay gentes en posiciones de gobierno y estatales, que se están apalancando financieramente, para cuando la revolución se caiga, y otros, que pueden tener casi todo preparado para producir el traspaso de los bienes estatales a manos privadas, como tuvo lugar en la antigua URSS.” Para avalar este argumento, el asiduo participante en la Mesa Redonda de la televisión, cita el escándalo en curso relacionado con el empresario Max Marambio, chileno por muchos años vinculado a la cúpula de poder en Cuba, y al Affaire Lage-Pérez Roque con implicaciones de tráfico de influencias y supuestos vínculos con el Servicio de Inteligencia de España. Además, de otros ampliamente conocidos fenómenos de corrupción en pleno auge. Aunque muchas de las cuestiones apuntadas en el artículo sean ciertas, Morales soslaya que el régimen totalitario existente es la fuente de toda la corrupción y, hasta tanto el disfuncional sistema esté presente, la corrupción no podrá ser extirpada. En primer lugar, el antídoto contra la corrupción en cualquier parte del mundo es la existencia de una sociedad civil fuerte y en desarrollo, constituida en un marco democrático y con transparencia. En Cuba, la existente hasta 1959, a pesar de sus considerables defectos, fue destruida totalmente, lo que no pudieron lograr ni las tiranías de Machado y Batista. Nuestra sociedad se quedó sin un mínimo sistema inmunológico para por lo menos, en alguna medida, prevenir las enfermedades oportunistas que cual cáncer devoran las naciones. En Cuba no existe prensa independiente que denuncie la corrupción, sólo esto se realiza cuando se reciben “órdenes de arriba”. Aún el escándalo de las empresas Río Zaza, Sol y Son y la muerte de un gerente chileno en La Habana no se ha reflejado en la prensa oficial en la extensión requerida. Mucho menos se habla del alud de comentarios populares sobre la salida el General Rogelio Acevedo como presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba (IACC), y la multitud de especulaciones sobre actos delictivos atribuidos a altas figuras oficiales. El Affaire de Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y otros personajes, a pesar del tiempo transcurrido, no se ha explicado adecuadamente, y sólo se conocen algunos detalles por referencias extranjeras y de pocas personas, a quienes casi clandestinamente se les mostró un video sobre este escabroso asunto. Adicionalmente, en Cuba no existe separación de poderes. El legislativo, con la Asamblea Nacional en primer lugar, es una ficción constituida por un rebaño de personas que en vergonzosa actitud aprueban por unanimidad todas las directivas recibidas del “poder”, sin preocuparse por indagar sobre cualquier asunto “conflictivo”, especialmente la corrupción en los altos niveles gubernamentales. Ni que decir de un sistema judicial conformado para servir de instrumento represivo contra todo ciudadano que se atreva a protestar. A este panorama se añade la centralización económica, utilizada para el control absoluto de la ciudadanía, aunque su inviabilidad económica está demostrada en que la inmensa mayoría de las empresas y entidades presupuestadas carecen de contabilidad confiable, en un país con dualidad monetaria. Todo ello ha conducido a la sistemática destrucción de la nación y el surgimiento de problemas diversos, incluidos altos niveles de miseria. Hoy, como ha reconocido el General Raúl Castro, el salario medio mensual no alcanza para satisfacer las necesidades mínimas de un profesional o un trabajador cualquiera y su familia. Esto empuja a muchas personas a delinquir. Por tanto, no es casual que Cuba tenga una de las poblaciones penales por habitante más alta del mundo: 531 presos por 100 000 habitantes, según estimaciones de The Economist -El Mundo en Cifras, edición 2010. Una cifra cercana puede encontrarse en el Informe de Desarrollo Humano 2007-2008 de PNUD. Como consecuencia del desbarajuste imperante, existe un proceso de privatización anárquico, por el cual muchos administradores utilizan los bienes del Estado como propios. Mercancías vendidas en tiendas estatales pueden ser en realidad propiedad de particulares. Barberías, peluquerías, zapaterías, reparadoras de bienes duraderos y otros centros de trabajo cobran precios superiores a los establecidos oficialmente, y para poder dar los servicios compran los insumos y reparan los locales con sus propios ingresos, al no recibir recursos del Estado. A esto no escapan en cierta medida la educación y la salud pública. Debido al acelerado deterioro de la calidad de la instrucción, los maestros repasadores se han incrementado vertiginosamente. Los familiares conscientes de que sus hijos no se instruyen debidamente en las escuelas, pagan profesores extras, habiéndose creado de hecho un sistema de educación privado, paralelo al estatal. A su vez, florece el comercio de los medicamentos en el mercado negro, robados de los almacenes del Estado, mientras en los establecimientos públicos escasean. Aunque en los hospitales, policlínicos, dispensarios existen muchos profesionales honestos, crece la tendencia a que el servicio dependa del “aporte” del paciente. Eso ha cogido tal vuelo, que hasta la prensa oficial lo ha señalado. Se añaden los efectos perniciosos de la crisis sobre los valores cívicos, espirituales y morales de la población, estimulándose el sentimiento de frustración por un proceso que prometió el paraíso y ha llevado a la nación al infierno. Es evidente que para detener la corrupción se requiere un cambio radical del sistema económico, social y político que ha conducido la sociedad a un callejón sin salida, como ya solicita la mayoría de los cubanos.. |
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