![]() |
|
||||
Ángel W. Padilla |
|||||
|
|||||
|
|||||
![]() |
Hemos destinado nuestro espacio “Editorial” en
esta edición, al tema del racismo en Cuba, por su relevancia
social y política. Racismo
y revolución
El prejuicio racista contra las personas negras y mulatas en la sociedad cubana tiene hondas raíces en la historia y en las tradiciones culturales del país. Al comienzo de la República, luego de 30 años de luchas contra la colonia española, la comunidad de afrodescendientes, que participó heroicamente en aquellas contiendas, no encontró en la nueva sociedad el reconocimiento esperado. En el 1908, líderes negros decidieron fundar el Partido Independiente de Color para impulsar sus reclamos. El partido fue declarado ilegal y un intento de alzamiento en 1912 terminó en una masacre de más de 2,000 de sus militantes. El miedo y el silencio arropó a la comunidad negra y las prácticas racistas siguieron legitimadas como “naturales” por la sociedad en su conjunto. Con el advenimiento de la revolución del 59, se pensó que iba a darse paso a una sociedad donde a las personas negras se les reconocieran sus derechos. Sin embargo, al declarar la revolución “la inexistencia del racismo” y el “fin de la discriminación racial”, contribuyó a solidificarla y a extenderla aún más. El Centro para el “Cuban Transition Projet” de la Universidad de la Florida, en un estudio realizado en marzo del 2009, encontró los siguientes datos: en una población con más del 60% de personas negras y mulatas, donde el 70% de la fuerza de trabajo es afrodescendiente, sólo el 5% trabaja en el sector turístico. Únicamente el 25% de las posiciones administrativas en el sector estatal son ocupadas por personas negras o mulatas, mientras que el 80% de la población carcelaria es afrodescendiente, y no más que el 3% son universitarios. Por otro lado, este grupo social sigue teniendo las peores condiciones habitacionales y recibe sólo el 15 % de las remesas de familiares en el exterior. Cuando miramos hacia las estructuras del Partido y del gobierno, el patrón de discriminación racial se repite. De nuevo la evidencia histórica nos aplasta: al cabo de 50 años de revolución, en Cuba el poder sigue siendo blanco y la discriminación contra las personas negras es cada día más fuerte. /El Nuevo Día, San Juan P. |
'