• China es China y los cubanos no somos chinos
Ángel W. Padilla
 
 

Toda nación o país tiene sus propias características e historia, por lo tanto China es obviamente China y los cubanos no somos chinos.

Nosotros sentimos y tenemos un gran respeto por ese pueblo y por esos ciudadanos ya que miles de ellos llegaron a nuestras playas y aportaron a nuestra cultura y economía. También contribuyeron a la independencia de nuestra tierra. China es un entorno sociocultural milenario. Allí está la evidencia de su historia pero en muy pocas ocasiones en su devenir como nación, han tenido una ventana de libertad, derechos civiles y democracia.

La población china tiene más de 1,200 millones de habitantes. Todos sabemos que al mundo comercial y empresarial, le interesa de forma preeminente el mercado y también la mano de obra barata y eficiente. Ellos han abierto sus fronteras al capitalismo y a los capitalistas. El gobierno chino posee dinero suficiente para participar en gran parte de la producción mundial global. Y si China pasara a ser un país capitalista, con obreros bien pagados, clase media y rica, al menos las fábricas de zapatos tendrían una demanda desorbitante. Para llegar a eso les falta aún mucho camino por andar.

China posee tecnología para fabricar, producir y exportar a cada uno de los países del planeta. Hasta aquí, todo parece bien por ahora pero no es así. Ellos tienen provincias completas sometidas a una esclavitud de la gente que tiene que trabajar de doce a catorce horas diarias de una sola comida, ropa andrajosa, en campos de concentración. Al parecer nadie quiere hablar de esos seres humanos, que viven bajo condiciones infrahumanas. Allí habrán olimpiadas y fuegos artificiales que iluminarán a todos los ojos del mundo.

Nuestro país, Cuba, apenas llega a los doce millones de habitantes. No hay infraestructura, ni fábricas, ni producción para autoabastecerse, la agricultura fue abandonada y los medios de producción y el país se convirtieron en un apéndice de la Unión Soviética. Produjeron soldados y dirigentes para entrenar y subvertir a América y el mundo. Dependimos de una potencia estridente, combatiente y esclavista. El lema era que seríamos como el Che, solos, abandonados y muertos antes de los 40 años, sacrificando y engañando a los jóvenes idealistas, ingenuos y soñadores por una causa descabellada y fratricida. Hoy el país, sigue en el llamado período especial. No existe nación imperial que la mantenga. Se sobrevive en Cuba, gracias al petróleo del pedante de Hugo Chávez. También del turismo y los mil millones de dólares que enviamos los dos millones de exiliados residentes en el exterior.

El pueblo cubano, distinto al modelo chino, vive en otra geopolítica y ha tenido gobierno democráticos. Allí está el Capitolio, el Hotel Nacional y la Carretera Central. El tren llegó primero a Cuba que a los Estados Unidos de América. Los cubanos lograron bajarse del caballo y la carreta en las ciudades para tomar el tranvía. De aquí pasaron a la guagua (autobús). En este último se recorría todo el país. Con aire acondicionado un tren determinado. Viajes a la capital. Un transporte adecuado y cómodo para llegar a Miami en solo minutos. También se podía tomar Cubana de Aviación.

Cuba, en los años veinte, ya estaba al tope en las Américas. Era el país que más libros, revistas y periódicos en español exportaba. Igual ocurría con el azúcar, lácteos, café, tabaco, níquel, cobre, zapatos y otros artículos y productos. Esto, depués de cubrir las demandas nacionales. La dictadura anterior también fue un descalabro político acompañado del crimen, de 1952 a 1958; no duró siete años y provocó rechazo de la población y una guerra civil con dos mil muertos, pero fue capaz de construir los tres túneles de La Habana, la Plaza Cívica —rebautizada Plaza de la Revolución—, zafra azucarera de 7 millones de toneladas en tres meses, la Vía Monumental Norte Habana-Matanzas, el Hospital Topes de Collantes. Esto sólo para mencionar lo más visible o palpable. Nada parecido han tratado de emular los pichones de burgueses que se robaron el poder en 1959.

Una pregunta clave para el momento presente sería la siguiente ¿dónde están los restaurantes, fondas, panaderías, reposterías, cafeterías, que existieron en todas partes de la capital y de las provincias? Desde 1902 hasta 1958, en esos específicos cincuenta y seis años, llegaron a Cuba 800,000 españoles. También tuvimos inmigrantes puertorriqueños y de otras nacionalidades. Otras interrogantes viene a mi mente: ¿qué ha ocurrido en estos cincuenta años del proyecto feudalista, fidelista y fatalista?, ¿dónde está magna la obra?, ¿cuáles son sus óptimos resultados?, ¿tenemos acaso que seguir con la borrachera trasnochada ideológica que fracasó en el siglo XX donde quiera que fuera puesta en práctica? ¿Cuál es el símbolo o monumento que nos ha legado la mal llamada revolución nacional o comunista?, ¿será la prisión combinado del este con más de 300 estructuras carcelarias repartidas por toda la nación?, ¿será acaso el gran monumento revolucionario el más de un millón de cubanos que han pasado por dichas cárceles?, ¿será acaso el gran monumento revolucionario los miles de ahogados o desaparecidos en el estrecho de la Florida, los miles de fusilados, dos millones de exiliados o el veinte por ciento de la población fuera de la isla?

¿ Cuál será el monumento a la dignidad revolucionaria?, ¿los jóvenes que murieron en las llamadas guerras internacionalistas dirigidas por una nación extranjera?, ¿será eso lo que tenemos en común con el gobierno chino?

El cambio a Cuba viene pero no vendrá de manos del equipo de poder que ha fracasado en los pasados cincuenta años. Ellos son cadáveres políticos detestados por el pueblo que lo enviarás al vertedero de la historia para siempre.

El cambio viene porque el pueblo lo exige, lo necesita y lo lograrán todos los cubanos de buena voluntad esto, dentro de un marco democrático y pluralista. No hay otro camino porque la libertad y los derechos, le pertenecen a todos los cubanos y nadie podrá detenerlo. Cuando tú querido lector o lectora y compatriota cambies, cambiarán todos.

 

 

 

 

Raúl Castro ha expresado que seguirán guiados por Fidel Castro es decir éste último, seguirá el proyecto de su hermano, proyecto donde no existen obras, ni solución a la economía. Proyecto donde no existen soluciones para los problemas sino que se intensificarán los mismos. El agobio diario, la falta de incentivos, y de soluciones seguirán, a corto y mediano plazo. No hay ni deseos, ni esperanza para que, al menos, el pueblo cubano pueda recibir lo que le pertenece a Cuba, y a cada uno de los cubanos: el derecho a vivir con sus más elementales necesidades básicas satisfechas. El logro de la libertad de expresión oral y escrita y el derecho a disentir y ser parte del futuro nacional, que es deber y derecho de cada ciudadano del mundo actual y civilizado en el siglo XXI, donde la esclavitud es delito. De eso es de lo que se trata. No de presos políticos y desterrados, no la misma jerga de Sierra Maestra de los años 50. Un pueblo no es una guerrilla. Los pueblos se dirigen con civilidad, transparencia y honestidad.

El señor Raúl Castro lleva más de año y medio en el poder del gobierno de Cuba y no ha sido capaz de dar un paso a favor de una solución clave. En el 26 ede julio y lo que repetió en la farsa coreográfica de la asamblea del poder popular, se parece a la novela escrita por el italiano Giusseppe Tomasi titulada Gatopardo. En esta novela se narran las vivencias de Don Fabrizio, Príncipe de Salina y su familia. Y su famosa frase: algo debe cambiar para que todo siga igual. En este sentido, la presencia de Raúl en la máxima jefatura de Cuba es un vivo ejemplo de la trama de la novela Gatopardo. Algo debe cambiar en Cuba para que todo siga igual. La asamblea del poder popular de Cuba, se reúne dos veces al año durante cuatro horas. ¿Qué aportará dicho organismo a la toma de decisiones ya tomada por otros grupos de poder en Cuba? ¿Proveerá una imagen exterior de gobierno legal? ¿Lo logrará dentro de la sociedad mediática y saturada?

Raúl Castro conforma un plagio de su hermano. El señor Raúl Castro ha sido el policía que ha cuidado el proyecto del fracaso comunista en Cuba. Para esta clase de papel patético y miserable no hace falta ni brillantez, ni consistencia o templanza. En otros sistemas políticos del mundo, análogos al sistema totalitario de Cuba, se enfrascaron o trataron de que dicho sistema funcionara y no fue posible. En la Cuba actual ya no funciona el deseo de hacer factible esta realidad lamentable del espacio político llamada revolución. Debería, más bien, llamarse involución. Los dirigentes de más alto nivel en Cuba parece que piensan que el pueblo no piensa. Y es más, tienen la solución en sus manos. Sólo que los mensajes de Raúl, se parecen a la novela de Gatopardo. Se asemeja mucho el cambio de Raúl por Fidel.

Cuba es una nación que está saturada de problemas en el orden estructural social y, por ende, en el cultural. Problemas en el hogar cubano, problemas en el centro de trabajo, problemas en el transporte, los hospitales, y las escuelas. El modelo totalitario, fatalista o feudalista de Cuba, se puso en práctica en muchos países y en todos ha casi desaparecido. Los chinos y los vietnamitas, están tratando de inventar o generar un híbrido. Ellos al menos, han tomado ese camino. Los castristas o descendientes del castrismo no son capaces de dar un solo paso por falta de voluntad y por no ser capaces de admitir que fracasaron y de que son, por lo tanto, unos fracasados con actitudes egoístas y faltos de sensibilidad hacia una auténtica cubanía.

El cambio en Cuba viene porque el pueblo lo quiere pues le pertenece a todos y por el cambio seguirá luchando hasta obtenerlo como todos los pueblos que han pasado por este trance de esclavitud y de miseria. La patria es de todos y para el bien de todos. Lo único permanente es el cambio. Nosotros abogamos por el diálogo, la reconciliación y la armonía entre todos los cubanos. Este es el único camino que le queda al pueblo cubano. Experiencia vivida por todos los pueblos que han estado entrampados en circunstancias parecidas a las nuestras. No hay otro camino, expedito y civilizado. Si los que detentan el poder no son capaces de entender las circunstancias que se viven en Cuba, están sordos y solos. Serán los que adquieran el monopolio de toda la culpa del desastre de una nación que como todas las naciones, tiene el derecho al progreso, la libertad y la felicidad.

 

 

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